El cuerpo toma básicamente de los alimentos la energía esencial para vivir. Nuestro organismo la consume al llevar a cabo sus funciones vitales. La cantidad de energía mínima para llevar a cabo esas funciones está determinada por el índice metabólico basal, que es la tasa mínima del metabolismo medida con el cuerpo en reposo.

El metabolismo basal de una persona de mediana edad oscila alrededor de 1600 Kcal/día. De éstas, aproximadamente el 30-40% va destinado a la síntesis de proteínas, el 20% al cerebro, glóbulos rojos y retina, el 20% al transporte activo de membranas celulares y 10% a movimientos mecánicos: pulmones, corazón...

La energía calórica que proporcionan los alimentos es una magnitud física, la unidad son las calorías, que vemos reflejadas en el análisis nutricional de los alimentos.

La energía vital es lo que un alimento comunica a la persona que lo consume y se traduce en un estado físico, emotivo y mental. Distintas disciplinas enfocan las necesidades nutricionales del organismo desde este prisma y no desde la simple suma de calorías.

En ciertos momentos y circunstancias de la vida, como la infancia, el embarazo, la lactancia, el entrenamiento deportivo, la enfermedad y la vejez, nuestro organismo requiere cantidades de energía distinta y una nutrición específica.

La salud óptima requiere equilibrar la energía consumida con la que obtenemos de los alimentos.

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